Zara
Los ojos de Adrian se movieron de mí a Daniel y de vuelta a mí y la expresión en su rostro era algo que vivía entre la rabia y la devastación y algo más oscuro debajo de las dos.
Lo sabía.
Una sola mirada y supo exactamente lo que acababa de ocurrir en esos estantes restringidos a seis metros de su oficina y el saberlo estaba haciendo algo violento a su compostura.
"Mi oficina," dijo. Muy tranquilo. Muy controlado. "Ahora."
Se dio la vuelta y salió sin esperar.
Lo seguí porque nunca he hui