Despierto, Antonio se estaba acostumbrando a la luz donde había estado las últimas 36 horas. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue su mujer y su hijo. Los hombres que lo habían secuestrado habían dicho que su mujer llegaría en cualquier momento. Lo último que quería era traicionar a su amiga o hacer que le hicieran algo a su mujer.
—¡Oh, ya te has despertado! —Dijo uno de los hombres.
—¿Dónde... dónde está mi mujer? —Preguntó.
—¿Tu mujer? No ha llegado. No ha llegado. ¿Por qué? ¿La echas