En una cama de hospital, siendo cuidado por el mismo doctor que lo había tratado a él y a su familia durante años, Stefan de la Barrera comenzó a despertar. No se acordaba de mucho, solo sabía que lo último que había sentido era el suelo frío en su espalda y una persona que le pedía que se mantuviera.
—Hasta que despiertas —dijo esa voz ya tan conocida.
Stefan miró a todos los lados. El único que conocía era a su mejor amigo Ricardo.
—¿Qué fue lo que pasó? —Preguntó Stefan.
—Te desmayaste en el