Capítulo 10
SIN SALIDA... Juguemos a pecar
Admirarse nunca fue algo que Mía Russo hiciera de forma recurrente; y menos cuando su reflejo siempre se había mantenido cercano a ella, deambulando como un fantasma perpetuo; aunque no se sintiera identificada en absoluto.
Su forma de vestir nunca fue prolija y tampoco se esforzaba en ello. No era amante del cuidado, ni del maquillaje, mucho menos de las joyas. Eran cosas superfluas, sin merito, sin proposito. Mía se había convencido de que la belleza