Katherine giró la cabeza y besó su áspera palma. —Jensen, necesitas descansar —dijo.
—No te voy a perder de vista, Kat —gruñó él, y luego sonrió con amargura al darse cuenta de que debía hacerlo—. Esa generalita me dio dos minutos antes de echarme. Su expresión se tornó urgente.
—Katherine, significas todo para mí. No puedo explicar lo que siento —dijo con brusquedad. Su sonrisa regresó lentamente—. ¿Me das un beso para que me duerma, cariño?
—Solo pon tu barbuda cara donde pueda alcanzarla, mi