De repente, la tarde se había vuelto más aletargada que antes. Incluso los insectos habían cesado su zumbido. El aire estaba demasiado húmedo para respirar. Katherine se percató de su ropa y de cada lugar donde se le pegaba húmeda a la piel. Sentía el pelo pesado y caliente contra el cuello.
Un sol color mantequilla caía a plomo sobre la tierra, que desprendía su calor en destellos ascendentes. Era como estar en una sauna perfumada, solo que no estaban desnudos.
Se percató de lo cerca que estab