La hija de Clay se quedó mirándonos a mi esposo y a mí, dándome cuenta de que le caían varias lágrimas por sus sonrosadas mejillas, mientras escuchábamos a su padre y a mi esposo hablar.
—- Podrías haberte callado con lo de tu relación con tu esposa Rebeca y tu, podrías habernos seguir engañandonos, aunque si te digo la verdad algo sospechábamos mi esposa y yo, sobre todo porque nunca lo habríamos sabido con certeza si no te llegas aquel dia a sincerar con nosotros. Todos nos dimos enseguida cu