#18: Nora
El descenso en el ascensor desde el despacho de David se me hace eterno. Mis muslos siguen resbaladizos bajo el vestido, los labios hinchados de habérmelo chupado, y todo mi cuerpo aún vibra con el orgasmo que él sacó de mí como si no fuera nada. Apoyo la espalda contra la pared espejada y cierro los ojos, intentando respirar a través de la vergüenza que me araña la garganta.
Le dejé tocarme.
Le dejé doblarme sobre su escritorio.
Le supliqué.
Y en cuanto el nombre de Maya iluminó su t