La noche había caído con una tormenta, las ventanas de la cámara se encontraban cerradas. La chimenea que debía darle calor a la diosa estaba siendo encendida por una ninfa. Por la puerta entró alguien, cuya presencia era permitida entrar. El único que podía hacerlo sin sufrir la ira de la diosa.
El invitado sonrió de lado y habló a espaldas de la diosa.
-Para ser una diosa con el poder de controlar el fuego, me sorprende que tengas que poner a alguien más para encenderlo.
Hestia respondió. -¿Pa