Capítulo 03: Mi boda con mi ex-cuñado.
Capítulo 03: Mi boda con mi ex-cuñado.
Todos se quedaron impactados.
Algunos reaccionaron mirándose entre sí, completamente confundidos.
—¿Ca… casarse? ¿El Rey Alfa Magnus… no estaba comprometido ya? —murmuró uno.
El Alfa extendió la mano hacia ella.
Kiara ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, ya que Magnus, tomó su mano con firmeza y comenzó a caminar junto a ella rumbo a la escalinata del altar.
Cada paso que daban hacia el altar aumentaba el nerviosismo de Kiara.
Sentía la calidez de aquella mano grande envolviendo la suya, mientras su corazón latía cada vez con más fuerza.
Todo estaba ocurriendo tan deprisa que apenas podía creerlo.
Hasta hacía unos minutos estaba preparada para morir.
Ahora caminaba hacia el altar junto al Rey Alfa.
—Rey Alfa… usted no tiene que… —susurró ella con la voz ligeramente temblorosa— que sacrificar su honor por mi vida.
Magnus no respondió. Seguía caminando con la misma tranquilidad, como si nada pudiera hacerlo cambiar de decisión.
Kiara levantó la mirada y observó su perfil. El hombre al que hasta hace poco llamaba «cuñado»… ¿por qué no respondía? ¿Estaba furioso?
Nunca sabía qué pensaba el Rey Alfa. Su rostro era tan sereno que era imposible adivinar lo que pasaba por su mente.
Y justo en ese instante, para sorpresa de Kiara, él bajó ligeramente la mirada y por el rabillo del ojo, hizo contacto visual con ella.
—¿Quieres morir? —preguntó el macho, con la voz baja y grave.
Los ojos rojo sangre del Alfa tenían un brillo tan intimidante que bastaba una sola mirada para hacer temblar a cualquier lobo.
Pero, por alguna razón, Kiara nunca sintió miedo al verlo.
Ella negó lentamente.
—Yo quiero vivir…
—En ese caso… ya está decidido.
Magnus y Kiara se detuvieron al llegar a la cima del altar.
El corazón de la Omega dio un fuerte vuelco.
Un ligero rubor apareció en sus mejillas y casi de inmediato, desvió la mirada hacia un costado.
Magnus volvió a ver al anciano hombre lobo que custodiaba el cáliz ceremonial.
Bastó una sola mirada para que el guardián comprendiera la orden.
Sujetando la copa entre ambas manos, caminó hasta detenerse frente al Rey Alfa.
—Aquí tiene, Su Majestad.
Magnus tomó la copa entre sus largos dedos.
Bajó la mirada hacia el líquido rojizo durante unos segundos.
Kiara se quedó sin respirar un instante que se le hizo eterno.
Lo vio acercando lentamente la copa hacia sus labios.
«Si lo hace… ya no habrá vuelta atrás», habló con su loba interior. «¿De verdad está dispuesto a llegar a estos extremos… por qué?»
Y entonces sucedió.
Magnus tomó de la copa ceremonial, anunciando el inicio de su matrimonio, ante la Diosa y ante toda la manada.
Todos los presentes se quedaron sin aliento.
Permanecían completamente inmóviles, incapaces de creer lo que acababan de presenciar.
Magnus devolvió la copa al anciano.
Casi de inmediato tomó las dos pequeñas manos de Kiara que estaban frías y temblaban ligeramente.
Él las envolvió con firmeza entre las suyas.
—Ante la Diosa…
Anunció el Alfa, levantando la mirada hacia la abertura de la cúpula.
La luna llena plateada brillaba con más intensidad que nunca, bañándolos con su luz.
—Y ante todos los testigos presentes de mi manada Luna de Plata…
Volvió a ver a todos los espectadores.
El silencio seguía dominando el templo.
—Te reclamo mía, y te tomo como mi Reina Luna a partir de este momento y hasta que la Diosa así lo desee.
Kiara se quedó totalmente en shock.
Sus ojos verdes solo podían seguir cada gesto del ritual que Magnus cumplía paso a paso.
Vio cómo llevaba con cuidado la mano izquierda de ella hasta sus labios.
Y cómo sus cálidos labios rozaban suavemente la piel de su muñeca.
Justo bajo el brillo de la luna, Kiara sintió un ardor recorrerle la muñeca, como si una pequeña llama se encendiera bajo su piel.
Ante sus ojos comenzaron a aparecer lentamente los símbolos del sello de unión.
Líneas plateadas se entrelazaban unas con otras hasta formar un elegante brazalete, como un tatuaje eterno que anunciaba al mundo un matrimonio bendecido por la Diosa.
—Oh, el Rey Alfa… la tomó como Luna… No puedo creerlo.
—Creo que estoy teniendo una pesadilla…
Los murmullos comenzaron a extenderse entre los presentes.
Nadie podía apartar la mirada del altar.
Hasta que Magnus volvió a ver a todos los espectadores mientras alejaba lentamente sus labios de la muñeca de Kiara.
Bastó aquella mirada para que el templo entero guardara absoluto silencio.
—Kiara.
Pronunció él su nombre.
Ella parpadeó varias veces, como si apenas lograra regresar a la realidad.
Su mente seguía completamente confundida.
Y su corazón latía con tanta fuerza que parecía querer salirse de su pecho.
Casi de inmediato tomó con ambas manos la muñeca del Rey Alfa.
Ella inhaló y exhaló.
—Ante la… la Diosa y los presentes… Rey Magnus, te tomo como mi compañero, mi Alfa… hasta que la Diosa así lo desee —las palabras de la Omega salieron rápidas y torpes, y apenas terminó de hablar, sus mejillas se tiñeron de un intenso color rojo.
Ahora… le correspondía besar la muñeca del Rey Alfa.
Y todos la observaban.
Decenas de miradas llenas de una profunda indignación, desprecio y repudio parecían atravesarla como afiladas cuchillas.
Para ellos, una simple Omega extranjera estaba tomando como esposo al Rey Alfa.
Como si tuviera derecho a ocupar un lugar que jamás le perteneció.
Kiara apretó ligeramente los labios.