Capítulo sesenta
Punto de vista de Anabelle
El jardín estaba húmedo y en calma. Las hermosas flores florecían mientras mariposas de distintos colores revoloteaban sobre ellas. Caminé con cuidado hacia el jardín para no molestarlo. Tenía la mirada fija en la computadora portátil que sostenía en las manos mientras trabajaba.
En cuanto entré, no se dio cuenta de mi presencia hasta que llamé su atención. Inmediatamente levantó la vista y recorrió mi rostro, examinando cada detalle de mi apariencia.