Capítulo siete
Punto de vista de Anabelle
—Acepto el contrato, Alfa Roman —respondí, inclinando la cabeza.
El salón del castillo quedó en silencio; no se escuchaba ninguna voz, solo sus miradas clavadas en mí.
Sus ojos recorrían cada uno de mis movimientos con asombro, como si hubiera dicho algo ridículo y vergonzoso.
—Espero que sepas en lo que te estás metiendo —la voz de Roman rompió el silencio.
—Sí, Alfa Roman, estoy lista para aceptar este anzuelo por mi talento artístico —dije con firme