La locura ha de ser contagiosa, dijo Rossalyn cuando dos horas después se encontraba navegando en un yate que se dirigía a una pequeña isla en la costa
- ¿Acaso nunca descansas? — dijo ella quejándose al verle en la entrada del edificio
- Lo hago
- Son las 7 de un domingo
- No eres madrugadora ¿verdad?
- Pues no, me gusta dormir hasta tarde al menos los domingos
- Lo siento, pero si queremos llegar a