–¿Se puede saber qué carajos hiciste exactamente con mi hermana, Adrián, y de dónde sacaste el valor para cometer semejante atrocidad? –pregunta Franco irrumpiendo violentamente en el despacho, azotando la puerta de madera pesada con una furia descontrolada mientras acorta la distancia a pasos agigantados. – ¿Cómo es posible que tengas la desfachatez de decirme a la cara y a los cuatro vientos que la amas con el alma, cuando la terminas echando a la calle a primera hora de la mañana como si fue