–De ninguna manera te vas a ir caminando sola a estas horas de la noche, Valeria, de modo que agarra tu abrigo de una buena vez porque vine a llevarte personalmente a tu departamento –anuncia Richard colocándose frente al escritorio mientras sostiene las llaves de su vehículo en la mano. – No me mires con esa cara de protesta ni intentes inventar la típica excusa de que prefieres estar sola para procesar tus pensamientos, porque te conozco perfectamente bien y sé que si te dejo marcharte por tu