Al pensar en William, una idea le vino a la cabeza, tan perturbadora que la hizo estremecer. También cabía la posibilidad de que conociera al conde de Trenton y todo esto fuera una artimaña orquestada entre ambos para dejarla en bolsito. Sabía que William era lo bastante retorcido como para planear esa trampa, y el señor Hershey no era nada más que un desconocido para ella. Ni siquiera podía acudir a su sexto sentido para juzgarlo, pues de tener incluso diez, los tendría embotados por completo