Dorelia oyó atónita cómo su tío le había dado la vuelta a la situación. Lo que ella pretendía que fuese un ataque directo a su talante autoritario y un modo de zanjar la cuestión, lo había convertido en un asunto familiar en el que ella no tenía libertad para decidir y que no había hecho sino comenzar.
—¡Oh, querido! —Lady Sheanes casi chilló de felicidad—. ¡Qué sabio eres! Emily, Dorelia querida, tenemos mucho trabajo que hacer. Sin duda, el señor Hershey y su primo estarán invitados al baile