¡Mamá! ¡Oh, Dios mío, mamá!
El grito de Joanne desgarró la tranquila calle vespertina mientras dejaba caer su mochila y corría hacia la figura desplomada en el camino. Su corazón golpeaba contra sus costillas con tanta fuerza que apenas podía respirar. Su mamá yacía inmóvil en el asfalto, un autobús detenido a pocos metros de distancia, el conductor ya con su teléfono en mano pidiendo ayuda a gritos.
Las lágrimas nublaron su visión mientras caía de rodillas junto a su mamá, con las manos temblo