«William, abre la puerta. De verdad no puedo dormir.»
La voz de Emily sonó de nuevo desde el pasillo, más suave esta vez pero insistente, su mano todavía en el pomo de la puerta. El metal traqueteó ligeramente mientras intentaba girarlo.
William estaba congelado contra Sandra, dos dedos gruesos enterrados profundamente en su coño empapado, su polla dura como roca palpitando en el apretado agarre de ella. Su mandíbula se tensó con tanta violencia que el músculo se marcó como una cuerda. Su mano