La voz de Margaret por teléfono había sonado tranquila, pero había algo oculto debajo de esa calma.
Una amenaza envuelta en cortesía.
—Reúnete conmigo en la mansión —había dicho—. Sola. Si traes a Damien, no hablaré.
Emma había intentado discutir, pero Margaret colgó.
Ahora Emma estaba de pie frente a la Mansión Cross, en la oscuridad, comprendiendo que estaba a punto de entrar en algo peligroso.
Se suponía que Damien llegaría una hora después.
Habían acordado que él se mantendría alejado y dej