Leandro Mackenzie
Los días pasaban con una calma que parecía inquebrantable. Mi vida era perfecta: los negocios iban a toda vela, la alianza con Lacoste había traído un torrente de ganancias en los últimos meses y, con Katherine a mi lado, sentía que vivía en un pedestal de éxtasis. Ella era mi equilibrio, el ancla que mantenía mi mundo estable, y la felicidad que me embargaba por estar con ella era tan intensa que nada más importaba. Ni los chismes en la empresa, ni las continuas quejas de Jen