Leandro Mackenzie
Me sentía completamente agotado; toda una noche sin dormir había dejado mi cuerpo pidiendo a gritos un descanso, mientras mi mente luchaba por encontrar un momento de calma.
Cuando llegamos a la mansión, la pobre Sherry estaba allí, acompañada por Mirta y el Doro. Al vernos, todos permanecieron en un silencio expectante, incluso la bola de pelo que, a pesar de no ser de mis favoritos, me había agradecido con su lealtad al avisarnos de lo que le había pasado a Jennifer. Pero yo