Leandro Mackenzie
—No te vayas, Katherine... no me dejes —suplicaba, consumido por la desesperación. Ella yacía en la camilla de la ambulancia, inconsciente, herida y completamente demacrada. No entendía por qué la vida me golpeaba de esa manera.
Intenté llamar a Jennifer, pero su teléfono no tenía señal. Justo cuando más la necesitaba, ella no estaba para mí; no era su obligación, pero era mi hermana. Tomé la mano de Katherine y la besé, sintiéndome el hombre más miserable por haber permitido