Leandro Mackenzie
No había palabras para describir lo que había vivido con Katherine en el club. Solo recordar la sala roja y todo el placer que había experimentado, me ponía la piel de gallina. Pero lo que realmente me hacía estremecer aún más era verla durmiendo a mi lado, sabiendo que llevaba a nuestros hijos en su vientre. Me sentía como el hombre más afortunado del mundo. Al amanecer, le di un suave beso en la mejilla. Ella se estiró lentamente, abrió los ojos y me sonrió.
—Buenos días, pe