49. EL NIÑO QUE NO PUDO SER NIÑO
—¡Irina, ven aquí! —El pequeño Alek estaba más que emocionado y feliz—. Quiero enseñarte lo que aprendí en la isla.
La isla, así le llamo Olga a ese lugar recóndito del mundo en el que ambos se refugiaron.
—Alek, yo no creo que...
—Debes entrar a la piscina conmigo —la petición del niño fue firme.
Pero Irina no quería entrar a la lujosa piscina solamente porque Jasha estaba sentado en una de las sillas, con el pecho descubierto y mirándola fijamente, ella llevaba una bata de toalla sobre su cu