Seis
Esperé pacientemente junto a la puerta, con el tictac de mi reloj resonando en mis oídos mientras contaba cada segundo que pasaba.
Arabella ya debería estar aquí a estas alturas. O sea, ¿cuánto tiempo se tarda en ir al baño?
Hice cuentas mentales: ¿cinco minutos? ¿Diez? No se sabía qué andaban haciendo las mujeres dentro del baño, pero ella se había demorado más de lo habitual.
Me acerqué, con la mirada fija en el letrero de «Damas» en la puerta, lo único que me impedía irrumpir.
—Arabella