Se acomoda en el asiento trasero, sus movimientos son bruscos y aún mantiene el ceño fruncido, me echo a reír por su infantil actitud, después de todo solo es un crío. Me siento satisfecho, al menos es un chico astuto y no tuve que repetir una vez más las reglas. Por un momento pensé que debería recordale los detalles.
Entro al vehículo e inmediatamente me abrocho el cinturón de seguridad, lo pongo en marcha y emprendo el largo viaje hacía la ciudad. Inmediatamente abre la ventanilla, el viento