15

—¿Cuáles rosas? –preguntó Emilia—. Tú sólo me diste espinas.

Rubén despertó sobresaltado y se sentó de golpe en la cama.

Era un sueño. Sólo era un sueño.

Sintió la boca seca y la lengua rasposa, pero no tuvo ánimo de salir de la habitación e ir a la cocina por un vaso de agua. Esta no era la mansión, donde sagradamente había u

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