El patriarca reveló una vez más su identidad y esta vez ante el servidor fiel y abnegado cómplice de Rosario en todas y cada una de sus fechorías, que hasta ese día habían llevado a cabo con el único propósito de apoderarse de las fortunas más codiciadas y considerar haber perpetrado los crímenes perfectos.
Melquiades negaba la existencia de la persona que se le presentó en ese momento y con un rostro de temor y una voz quebrada, comenzó a negar en voz alta. —¡No puedes estar aquí! Eres parte d