"Puedes sentarte y esperar, John, porque yo me quedaré aquí. Te guste o no", siseas, usando la ira, no la tristeza, como tu mejor aliado. No eres una llorona... todo el tiempo.
Esperas a que John te agarre y te arrastre, pero él solo te mira fríamente y aprieta la mandíbula.
Cuando él no responde, sientes la necesidad de romper el silencio.
"Estoy bien aquí", repites con orgullo, levantando la barbilla.
Por fin hace algo. Pero su resoplido es menos conciliador que su silencio.
"Sí, ni siqu