—¿Quieres algo de beber?
—Una taza de café, por favor.
Vincenzo asintió y se acercó a la cafetera. Se sirvió otra taza para él. Iba a necesitar algo más fuerte para lidiar con la conversación que se avecinaba, pero de solo pensar en beber alcohol se le revolvía el estómago. Había tenido suficiente el día anterior cuando casi arrasó con la mitad de su bar.
La cabeza todavía le dolía un poco y no había podido levantarse de la cama hasta cerca del mediodía.
Se sentó frente a Serena y el silenc