Después de enviar el último mensaje amenazante, Alejandro pensó que tenía todo bajo control.
María lo amaba tanto que, al leer su mensaje, seguramente regresaría al salón lo más rápido posible y, como siempre, bajaría la cabeza con los ojos llorosos, disculpándose tímidamente y suplicando su perdón.
Con ese pensamiento, Alejandro finalmente se sintió más tranquilo.
Ya no tenía prisa por buscar a María, así que abandonó a todos y regresó tranquilamente al salón de banquetes.
En ese momento, todos