La mañana estaba calurosa, así que a Camila no le importó mucho mojarse. Además Lourdes le había conseguido unas botas para este tipo de ocasiones, por lo que esta vez no había ensuciado sus zapatillas deportivas. Es cierto que aún no se había puesto la ropa que le recomendó, pero últimamente tuvo que tirar tantas prendas de ropa, que prefiere colocarse esos jeans y las botas.
—¿Estás cambiada como para ensuciarte? —le dice con una sonrisa sabiendo que ella jamás está mal vestida
—¿Ensuciarme?