El semblante de Carlos era sumamente gélido, y junto con su amenaza en tono frío, la mujer dijo con su voz lastimera reflejando cierto temor.
—Señor, me está usted acusando injustamente, esta noche ni siquiera le he servido una copa, ¿cuándo iba a tener tiempo de darle alguna droga?
»Lo ayudé porque estaba muy borracho y no podía ni mantenerse en pie, pero quién iba a imaginar que en cuanto entrara a la habitación usted...
La mujer sollozó un poco. —Si no quiere hacerse cargo, yo no lo obligaré.