La mujer tenía el cabello revuelto y los labios completamente manchados de pintura. Debajo de las sábanas, se apreciaban marcas en su cuello, como si la hubieran mordido.
Carlos, por su parte, parecía estar ebrio, frotándose la cabeza como si no lograra despejarse.
Estaba completamente desnudo de torso, con restos del mismo lápiz labial en sus labios y rasguños en el pecho.
Dado que gran parte de las sábanas estaban enredadas alrededor de la mujer, podía verse con claridad el desorden de la cama