Al escuchar esa retahíla de exigencias de Rosalía, Elena no pudo evitar soltar una carcajada.
—Señor y señora, ¿acaso no me escuchan? O es que no me he explicado con suficiente claridad. —dijo Elena con firmeza.
»No voy a volver a estar con Julio, ¡ni mucho menos voy a casarme de nuevo en su familia!
»¿Prohibirme tener amigos varones, no beber alcohol, no contestar? ¿Y encima que renuncie a mi trabajo y tenga hijos? ¡Esos supuestos privilegios, mejor reservadlos para otra persona!
—¡Tú...!
Excla