Pero había fracasado.
Ya no creía en el amor y no se atrevía a aceptar los sentimientos de nadie.
Pero ahora, Manuel estaba sentado a su lado, confesándole abiertamente sus sentimientos por ella.
Manuel había considerado todos sus reparos y los había resuelto.
Incluso se había esforzado en convertirse en el tipo de hombre de éxito que pensaba que a ella le gustaba.
¿Qué mujer no se conmovería ante un amor tan profundo?
La voz de Elena sonó inusualmente ronca: —Manuel, no merezco que me quieras t