Cuando se disponía a marcar el número de Julio, de repente Rosalía se abalanzó sobre ella.
Elena, por instinto, se apartó a un lado.
—¡Ah!
Gimió Rosalía, al perder el equilibrio y caer de bruces sobre la escalera mecánica que descendía.
Con un sordo golpe, Rosalía rodó por toda la escalera.
—¡Tía!
Exclamó Alicia, alarmada, corriendo hacia ella.
El estruendo atrajo a varios curiosos.
Al oír los gritos de la gente y las llamadas al servicio de emergencia, Elena reaccionó.
Por puro instinto profesi