—¡Muchacho, ¿a qué viene esa actitud? ¡Ven a saludar a Bella! —dijo la abuela Romero.
Susana dejó las frutas y se fue a la cocina.
Pedro se acercó a ellas a paso lento.
Miró a Bella con la mirada algo apagada y movió apenas los labios, pero no dijo nada.
—¿Dónde has estado estos días? ¡Pareces un enfermo, tan desanimado! —preguntó la abuela Romero, confundida.
—Abuela, tuve un imprevisto en el país de Taloria y él resultó herido por ayudarme. —explicó Bella
»Aún no se ha recuperado del todo, así