Los ojos de Pedro se posaron sobre el delgado papel frente a él, como si todo su ser se hubiera paralizado.
Elena soltó otra risa fría.
Le contó a Pedro que, el día en que Bella sufrió el aborto, ella había conseguido una muestra de su cabello de la toalla que él usó para secarse, a través de un colega, y la había utilizado para la prueba de paternidad.
—¡Sé que, por más que Bella haya fingido odiarte, en el fondo aún te ama! —exclamó Elena con furia.
»Pensé que, si algún día lograras recuperarl