Elena no era una mujer impulsiva por naturaleza, siempre tenía sus propios planes y determinaciones.
Tanto ella como Bella estaban igualmente convencidas de llevar a cabo lo que consideraban correcto.
Bella, sabiendo que no podría disuadir a Elena, le dijo: —Está bien, pero ve con cuidado. Si te alteras demasiado, no vengas a llorarme después.
Elena no respondió a su broma, simplemente salió del cuarto con paso decidido.
¿Acaso tenía algo que la convencía de que podría hacer que Pedro se arrepin