El hombre se echó a reír al oír eso. —¡No puedo confiar en todos ustedes! Si la suelto, me atraparán de inmediato. ¡Hoy voy a morir, pero me la voy a llevar conmigo como rehén!
—¡Entonces tómame a mí como rehén! —suplicó Pedro, desesperado.
—Eres demasiado alto y fuerte, seguro que sabes defenderte. No me sirves, ¿crees que soy idiota? —respondió el hombre.
—No te detendremos, puedes irte, pero por favor, no le hagas daño.
Propuso Pedro, haciendo señas a los presentes para que se retiraran y dej