Viendo a los dos hombres aproximarse de forma amenazante, Bella retrocedió unos pasos, atemorizada.
Pero ya se encontraba acorralada contra la pared, sin escapatoria.
Aun así, Bella no quería que ellos se salieran con la suya.
Así que, en el momento en que los hombres levantaban sus porras, ella cerró los ojos, gritó con fuerza y roció el resto del aerosol de pimienta hacia ellos.
—¡Aaaah!
¡Deténganse!
Casi al mismo tiempo que los gritos de los dos hombres, Bella escuchó una voz autoritaria que