Los otros hombres, excitados por la escena, se unieron también a la violencia.
Pronto le quitaron el trapo de la boca a Anna. Pero antes de que pudiera emitir sonido alguno, se la llenaron con algo asqueroso.
El lascivo reír de los hombres, los insultos y los débiles gemidos de la mujer llenaron de inmediato el almacén.
Todo aquello sucedió en apenas un par de minutos. Bella se escondía en un rincón, empuñando el tubo de hierro que Daniel había pateado al suelo, junto a su teléfono móvil.
Su cor