Elena levantó la vista hacia él. —Doctor Julio, ¿hay algo más?
La expresión de Elena era muy serena, como si mirara a un extraño, sin el entusiasmo y el brillo que solía tener cuando lo miraba.
Julio sintió una opresión en el pecho. —Estos días me he lastimado la mano y estoy de descanso. ¿Tienes tiempo para que vayamos juntos al gran teatro de la capital a ver una ópera?
Elena ni siquiera le preguntó la causa de la lesión, sino que simplemente le informó: —Estoy muy ocupada, no tengo tiempo.
No