De la actitud respetuosa de los hombres no era difícil deducir la posición de señor Llona.
Ellos recibieron las pertenencias de Natalia y todos juntos salieron del hotel.
—Director Romero, qué casualidad, ¿has ido a comprar comida?
Natalia, con su vista aguda, vio a Pedro y lo saludó proactivamente.
Pedro preguntó en tono leve: —Señorita Llona, ¿a dónde vas?
Natalia explicó los arreglos que había hecho el señor Llona.
—Director Romero, de verdad lo siento mucho por todas las molestias de hoy. Y