Pedro no dijo nada, pero su expresión era indiferente, dejando claro que no la recordaba.
Natalia sonrió sin darle importancia: —Soy Natalia Llona, nos conocimos hace unos años en una cena en el país de Yelondria. En ese momento, tú estabas hablando con mi padre, y sin querer choqué contigo y te derramé vino encima.
Al escuchar eso, Pedro frunció el ceño, tratando de hacer memoria, hasta que finalmente recordó. —¿Eres la hija del señor Llona?
—¡Parece que la influencia de mi padre es más fuerte!