Elena sentía que cada vez estaba más cansada y agotada, cansada hasta lo más profundo de su ser.
Acababa de liberar su ira, y Elena ya no tenía fuerzas. —Julio Díaz, mañana es un día laborable, ¿podrías encontrar un momento para que tramitemos juntos los trámites del divorcio?
Julio frunció el ceño. —No te he reprochado que no contestaras el teléfono ni que volvieras medio borracha y dejaras la casa así. Ve mañana a casa de tu madre a disculparte y esto se habrá acabado.
Ja.
Elena esbozó una son