Pedro miró a Bella sin expresión, como si no percibiera su evidente molestia, y le dijo con tono indiferente: —Espero que cumplas tu palabra y no me engañes.
Bella se quedó sin palabras, ¿cómo no se había dado cuenta antes de que Pedro era así?
—Tengo sed, tráeme agua. —ordenó Pedro, dando por hecho que ella lo haría.
Bella aguantó el impulso de reclamarle y, frunciendo el ceño, fue a la máquina de agua y le sirvió un vaso de agua tibia, que le entregó.
Pedro miró el vaso pero no se apresuró a t