¡El agudo dolor se extendió, y Bella gimió por la agonía!
Pedro, sin embargo, se volvió excepcionalmente eufórico, lamiéndola y mordiéndola furiosamente en su largo cuello.
Los jadeos calientes y acelerados de Pedro en su oído hicieron que Bella se sintiera como una indefensa presa atrapada en las fauces de un hambriento depredador, que la lamía y mordisqueaba lentamente.
En ese momento, Pedro había perdido por completo su habitual calma. Sus labios estaban ardientes, sus manos ardientes, e incl